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El Castillo de Cullera se sitúa en la ladera del Monte de Cullera o Montaña del Oro, en su parte más meridional, y a él se puede acceder desde la población situada a los pies del monte a través del acceso peatonal de les Revoltes Noves y por el acceso rodado que parte del Barrio de Sant Antoni.
Es una construcción de época califal (siglo X), erigida por el estado cordobés para el control y defensa del territorio, especialmente de la zona litoral y desembocadura del río Júcar. La existencia de este enclave en un momento tan antiguo coincidiría con una revitalización y el desarrollo urbano en el Sharq al-Andalus, es decir, en el este peninsular islámico, sobre todo en la franja costera.
Castillo de Cullera
1) Su historia
GPS de Su historia: 39.1659, -0.24996
El Castillo de Cullera se sitúa en la ladera del Monte de Cullera o Montaña del Oro, en su parte más meridional, y a él se puede acceder desde la población situada a los pies del monte a través del acceso peatonal de les Revoltes Noves y por... leer más
El Castillo de Cullera se sitúa en la ladera del Monte de Cullera o Montaña del Oro, en su parte más meridional, y a él se puede acceder desde la población situada a los pies del monte a través del acceso peatonal de les Revoltes Noves y por el acceso rodado que parte del Barrio de Sant Antoni.
Es una construcción de época califal (siglo X), erigida por el estado cordobés para el control y defensa del territorio, especialmente de la zona litoral y desembocadura del río Júcar. La existencia de este enclave en un momento tan antiguo coincidiría con una revitalización y el desarrollo urbano en el Sharq al-Andalus, es decir, en el este peninsular islámico, sobre todo en la franja costera.
Con la caída del califato, el Castillo de Cullera formará parte del sistema defensivo de la frontera sur de la taifa independiente de Valencia y continuará siendo pieza básica durante la primera mitad del XII, a lo largo del período almorávide y, posteriormente, del imperio almohade.
La fortaleza pasó a manos cristianas en el siglo XIII, tras un primer intento fallido de Jaime I, posiblemente por falta de abastecimiento y de material de guerra. En cualquier caso, en 1239, tras la toma de Valencia, el Castillo de Cullera estaba bajo el control del Conquistador.
A partir de la Conquista, perteneció a diferentes señores. En principio, la mitad de la fortaleza fue donada a los Hospitalarios mientras que el resto pasó a manos del Vizconde Castellnou. En 1319, la mitad de los Hospitalarios pasó a la recién creada orden de Montesa. En el año 1330 se incorporó a la Real Corona, aunque fue empeñado en 1341 al Señor de Segorbe y comprado, en 1344, por Conde de Terranova. En 1358 fue rescatado por el rey Pedro IV que lo incorporó al patrimonio real. Pero, al año siguiente, es vendido al copero real, Esteve de Aragón. Durante la Guerra de los dos Pedros—entre Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castilla— el castillo fue tomado por las tropas castellanas y, posteriormente, recuperado por las aragonesas y una buena parte del mismo se derribó y volvió a construir. En el año 1381 el castillo es vendido por el rey a la ciudad de Valencia que lo mantuvo en propiedad hasta el año 1402, año en el que el rey Martín I el Humano lo incorpora de nuevo al Real Patrimonio hasta el año 1707.
Hay que aclarar, estimado visitante, que la costa valenciana fue a lo largo de los años un foco atractivo para los piratas berberiscos. Pero con la llegada del siglo XVI, el fenómeno se agudizó don la entrada en escena de los piratas turcos. La defensa del litoral se convirtió en una prioridad y, en consecuencia, también lo fue la reforma del Castillo de Cullera.
Así pues, si convulsos habían sido los siglos XIII, XIV y XV, el siglo XVI significa, para el Castillo de Cullera, su adaptación defensiva frente al aumento de los ataques piratas. Esta adaptación se tradujo en la construcción de una serie de baluartes y revellines, un reforzamiento de los lienzos de la muralla con alambores y la disposición de piezas de artillería en diferentes torres. Todas estas obras, junto a la construcción de las torres vigía del litoral y el refuerzo de la iglesia-fortaleza de la villa y la posterior construcción del recinto amurallado urbano, iban encaminadas, como queda dicho, a intentar asegurar la defensa de la villa y del litoral frente a ataques y saqueos de la piratería.
Durante los siglos siguientes, XVII y XVIIII, el castillo gozará del periodo de estabilidad política que se traducirá en distintos cambios en la fisonomía de Castillo. De hecho, la transformación estuvo motivada por la necesidad de contar con espacios habitables para acoger al ermitaño y a los romeros. Se construirán edificaciones destinadas a albergar las estancias del cuidador del castillo, así como una hospedería. Todo ello hará que la construcción pierda su carácter castrense original en beneficio de una apariencia más doméstica. Es en aquellos años cuando se erigen el porche de entrada, la Sala del Mar, la Sacristía y la vivienda del “casteller.” El estado de ruina de estas estancias y la pobreza de sus materiales provocaron su demolición durante las obras de restauración.
En el siglo XIX volverá a registrarse una destacada actividad militar con la Guerra del Francés o de la Independencia, en la que tan sólo cabe destacar algunas obras de fortificación. Posteriormente, con las guerras carlistas, se efectuaron las principales obras de fortificación. Mientras que durante la primera y segunda guerra carlista las obras de fortificación no afectan apenas al castillo, será durante la tercera guerra carlista cuando se construyen líneas de aspilleras en la Torre Mayor, en el Baluarte, el Muro Occidental y el Revellín. Pero, quizá, la reforma más importante afectó a la Torre Mayor, ya que se destruyó la estancia abovedada que poseía y se terraplenó para convertirla en una plataforma para la fusilería. El Patio de las Cisternas fue otro de los espacios que se vieron muy alterados, ya que la mitad norte fue rellanada hasta alcanzar el nivel de la mitad sur. Sobre este relleno se construyeron las denominadas Casetas Isabelinas, dedicadas al acuartelamiento de tropas. Al elevarse el nivel del patio se construyeron aspilleras en el muro occidental y unas gradas corridas para acceder a las mismas.
Tras estos episodios bélicos, el castillo cayó en un estado de abandono y solamente la presencia de un ermitaño que atendía la capilla de la Virgen del Castillo hizo posible que el castillo se mantuviera más o menos en pie. Posteriormente, en la segunda mitad del siglo XX se instaló una comunidad de frailes franciscanos y se construyó un santuario justo al lado del castillo. Algunas partes del castillo se reformaron para uso escolar, como la Capilla o la Sala de Armas, mientras que el patio se convirtió en improvisado campo de fútbol.
2) Su arquitectura
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En la actualidad la fortaleza, ubicada en situación más elevada de todo el conjunto defensivo, está conformada por una serie de elementos, torres y lienzos, estructurados alrededor de un patio central.
La fortaleza presenta una planta... leer más
En la actualidad la fortaleza, ubicada en situación más elevada de todo el conjunto defensivo, está conformada por una serie de elementos, torres y lienzos, estructurados alrededor de un patio central.
La fortaleza presenta una planta rectangular irregular, con los lados largos que se corresponden a la muralla occidental, mayoritariamente un muro de época isabelina que exhibe ordenadas aspilleras, que se orienta al pueblo; y la oriental, que mira al mar, esta última reforzada por la Torre Blanca. Los lados cortos están ocupados por la contundente Torre Mayor y el Baluarte, así como por un lienzo interrumpido por la Torre del Respatller o Redona. En la esquina sureste se erige la Torre de Cap d’Altar.
El acceso se ubica en el muro occidental, a través de un pequeño vano con arco de medio punto de ladrillos, protegido por el Revellín. En el interior, un pasillo antiguamente cubierto a modo de porche, hace de distribuidor a las diferentes estancias, así mismo a diferentes niveles. En este primer nivel se ubica la Capilla o Ermita Vella, configurada por dos naves formando una “L”. En este primer plano hay un acceso al aljibe, y una escalera adosada al mismo que desembarca en el Patio de Armas o Pati dels Aljups, situado a una cota sensiblemente más elevada.
Desde el Patio se accede a los pisos superiores de la Capilla: la Sala de Armas y la terraza de la Sala del Mar, esta última utilizada como vivienda del ermitaño o casteller y hospedería. Desde aquí, se accede también al cuerpo superior de la Torre Blanca y a su terraza. Desde este punto accedemos al adarve, desde el cual se asciende a la plataforma del Baluarte y, desde allí, a la Torre Mayor, el lugar más inexpugnable de todo el conjunto fortificado.
3) Acceso y revellín
GPS de Acceso y revellín: 39.1659, -0.24996
Accederemos al castillo a partir de una escalera exterior que supera un notable desnivel y que desembarca en la plataforma del revellín o torre exterior defensiva que, a su vez, conduce a la puerta de entrada a la fortaleza.
Pero el visitante... leer más
Accederemos al castillo a partir de una escalera exterior que supera un notable desnivel y que desembarca en la plataforma del revellín o torre exterior defensiva que, a su vez, conduce a la puerta de entrada a la fortaleza.
Pero el visitante debe saber que este acceso no es el original, sino que viene condicionado por la construcción del Santuario en 1896, y sus dependencias anexas en el siglo XX, que modificaron su configuración medieval.
Así pues, hagamos un esfuerzo imaginativo y vayamos a la configuración original. Antes de estas construcciones se seguía accediendo por la parte que da al mar, entre la barbacana y la fortaleza. Sabemos que la entrada al castillo estaba en el muro oriental de la primera albacara o Albacar Vell, defendida por la Torre del Cap d´Altar, desde donde arrancaba una especie de corredor acodado que discurría entre la barbacana y la fortaleza hasta entrar en el castillo por debajo de la puerta actual. De este conjunto —barbacana y corredor— sólo se ha conservado la parte final, que da a las escaleras de acceso, y que es posible admirar antes del ingreso a la fortaleza. La barbacana, en este punto fue destruida para crear el nuevo acceso a la fortaleza en los primeros años del siglo XX.
Por lo que se refiere al revellín, torre exterior que cubre la cortina de un fuerte y la defiende, es una construcción muy característica del siglo XVI y permitía la instalación de artillería en su terraza. En el Castillo de Cullera, el revellín se construye para mayor defensa de la puerta de entrada y se adosó, lógicamente, a la barbacana de época almohade. Esta remodelación necesitó la apertura de un vano o hueco en la misma barbacana para poder acceder a la fortaleza. Este vano se mantuvo hasta principios del siglo XX, en que se destruyó para crear el nuevo acceso al castillo. Las aspilleras que exhibe el muro norte del revellín son del siglo XIX, concretamente de la época convulsa que supusieron las guerras carlistas.
4) Capilla gótica
GPS de Capilla gótica: 39.1659, -0.24996
Atravesemos la puerta de acceso, estimado visitante, y nos encontraremos con la Capilla o Ermita Vella. La entrada principal a la construcción se sitúa a la derecha y es, actualmente, lugar de exposición de la importante colección del Museo... leer más
Atravesemos la puerta de acceso, estimado visitante, y nos encontraremos con la Capilla o Ermita Vella. La entrada principal a la construcción se sitúa a la derecha y es, actualmente, lugar de exposición de la importante colección del Museo Municipal de Historia y Arqueología de Cullera.
Lo primero que nos sorprenderá de la Capilla es su belleza y estilización. Se trata de un edificio religioso, construido entre mediados del siglo XV y la segunda mitad el siglo XVI, obra del maestro cantero Joan d´Alacant. En origen poseía una planta de salón, que se correspondería con el ala este-oeste, cubierta por bóvedas de crucería cuyos arcos apuntados confluyen en una clave y descansan sobre capiteles que se elevan sobre pilastras de piedra. Estos arcos aportan altura y armonía al conjunto.
En la segunda mitad del siglo XVI se decidió construir una nueva sala a imagen y semejanza de la capilla, aunque con diferencias estilísticas destacadas en el diseño de los arcos y las bóvedas. De este modo, los dos ámbitos quedaron unificados formando una singular planta en forma de “L”. En un principio, la función de esta ala norte no fue de capilla ampliada sino de refectorio o comedor —tal y como se desprende de la documentación coetánea— y no será hasta el siglo XVIII cuando se integrará en el ámbito del culto religioso. Este espacio da paso, mediante un gran arco diafragmático, o sea, dispuesto en la dirección transversal del espacio construido, a un espacio abierto a modo de patio. Este patio estaba pavimentado con ladrillos cerámicos y poseía dos bancos adosados a la muralla. En su parte izquierda se construyó una escalera que comunicaba con el Patio de las Cisternas. Por encima de la clave del arco se abrió una hornacina rematada por un tejadillo para acoger una imagen religiosa, probablemente la Virgen del Castillo, a la que estaba dedicada la Capilla.
Durante los siglos XVII y XVIII, se documenta el tapiado de todos los vanos y accesos para, posteriormente, rellenar todo el espacio hasta alcanzar el nivel del Patio de las Cisternas y construir encima un nuevo edificio denominado la Sacristía. Es ahora cuando el refectorio o comedor de la capilla o ermita se abre al culto, conformándose esa singular planta en “L”.
Las excavaciones arqueológicas practicadas en el subsuelo de la Capilla han aportado interesantes datos sobre la evolución constructiva de este espacio. Así sabemos que anteriormente a la construcción de la capilla existió un edificio islámico que poseyó un cuerpo superior y almacenes subterráneos. A este edificio se adosaban las Torres del Cap d´Altar y del Respatller, esta última con acceso directo desde la planta inferior del edificio. Los materiales arqueológicos localizados durante las excavaciones han aportado una cronología de los siglos XI y XII, es decir, de los períodos más antiguos.
5) Patio y muralla aspillerada
GPS de Patio y muralla aspillerada: 39.1659, -0.24996
El patio es el espacio central del castillo desde donde se articulan todas las dependencias. El mal llamado Patio de Armas, es conocido históricamente como Patio de los Aljibes o Patio de las Cisternas. Precisamente los aljibes—en el caso del... leer más
El patio es el espacio central del castillo desde donde se articulan todas las dependencias. El mal llamado Patio de Armas, es conocido históricamente como Patio de los Aljibes o Patio de las Cisternas. Precisamente los aljibes—en el caso del Castillo hay dos, ambos en la mitad sur— son las únicas construcciones propias que alberga el patio.
Volvamos a retrotraernos en el tiempo, estimado visitante para tratar de visualizar el trabajo realizado en este espacio. Y es que las excavaciones han permitido comprobar que el patio se encontraba en una cota mucho más baja que la actual. Los mismos trabajos de excavación han detectado tres momentos de relleno del patio:
• Un primer momento que se corresponde con el siglo XVI, en el que se rellenó toda la superficie del patio pero sin llegar a tapar los aljibes, dejando a la vista un pavimento de tierra apisonada.
• Un segundo momento, durante el siglo XVIII, en que se rellenó sólo la mitad sur del patio hasta ocultar los aljibes, dejando a la vista un pavimento de baldosas cerámicas.
• Un tercer momento —durante las guerras carlistas del siglo XIX—en el que se rellenó la mitad norte hasta igualarlo con la mitad sur, quedando todo el patio a un mismo nivel, unificándose todo el pavimento con baldosas cerámicas.
La construcción de la llamada Sacristía—planta inferior de la vivienda del casteller o cuidador del castillo— supuso rellenar en casi tres metros todo el espacio del patio, exceptuando el espacio cubierto por el porche de entrada a la Capilla, y condenar, definitivamente, el acceso norte a la Capilla a través del arco, a la vez que se inutilizaba el pequeño patio que le antecedía. La construcción de los llamados “Cuartos Nuevos” — o nuevas edificaciones— en el siglo XVIII provocó la actual composición del patio y acceso, en dos planos diferentes.
Hablemos ahora del llamado Muro Aspillerado Isabelino que, en su configuración actual forma parte de una serie de construcciones y renovaciones que se realizaron en el castillo a mediados del siglo XIX como consecuencia de las guerras carlistas.
De entrada, es necesario aclarar que esta muralla es mucho más antigua. Las excavaciones arqueológicas practicadas han permitido establecer su secuencia constructiva: en origen, se trata de una muralla de base islámica reformada en el siglo XVI con la apertura de dos troneras para ubicar dos ribadoquines o cañones de medio alcance. En el siglo XVIII, la mitad sur de esta muralla se fue a pique por lo que se tuvo que levantar de nuevo llevándose a cabo un ligero retranqueo, es decir, una separación mínima sobre la alineación original, como aún hoy se puede observar. Finalmente, en el siglo XIX, también por imperativo bélico, se llevaron a cabo las últimas remodelaciones para adaptar la muralla a las necesidades derivadas de las guerras carlistas.
6) Sala de armas
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El visitante sabe que no hay castillo que se precie sin su Sala de Armas. La del castillo de Cullera es una estancia rectangular que se sitúa por encima de la Capilla. La estancia ocupa el volumen superior de un antiguo edificio islámico, pero... leer más
El visitante sabe que no hay castillo que se precie sin su Sala de Armas. La del castillo de Cullera es una estancia rectangular que se sitúa por encima de la Capilla. La estancia ocupa el volumen superior de un antiguo edificio islámico, pero como tal Sala de Armas se construyó tras la edificación de la Capilla. La superposición de elementos arquitectónicos, desde los más antiguos, islámicos, a los más recientes, es una constante en el castillo de Cullera. Para tratar de recuperar en la medida de lo posible el aspecto original de cada una de las estancias, se ha tenido que trabajar duro, pero sobre todo, partiendo de unos trabajos exhaustivos de excavación y de estudio de la documentación existente. Nada se ha dejado al azar y es por ello por lo que el visitante podrá admirar lo mucho y bien que se ha hecho, por ejemplo, en esta Sala de Armas.
El antiguo edificio islámico queda testimoniado por los muros de tapia de tierra que alterna con tongadas de cal y el arco de herradura, el típico del arte islámico, que fue el acceso original a esta sala hasta el siglo XVIII. El acceso desde el patio se realizaba por otra escalera ya desaparecida, que daba entrada a la sala por este arco de herradura, hoy convertido en ventana-mirador.
Durante los trabajos de arqueología, se descubrieron hasta tres cubiertas diferentes que se corresponderían con momentos cronológicos distintos. Un primer momento, islámico, en el que la cubierta estaba más baja. Un segundo período, en el siglo XVI y un tercer momento, en el siglo XX. La armadura o cubierta que se puede contemplar actualmente reproduce fielmente el original del siglo XVI, es decir una cubierta plana, aunque con una ligera inclinación hacía el patio para la conducción del agua de lluvia hacia los aljibes.
El visitante debe de saber que los restos de la antigua decoración pictórica que albergaba sus muros, merecen capítulo aparte. Se trata de una serie repetida a modo de franja decorativa localizada en la parte superior de las paredes. La sala se hallaba originalmente pintada en su totalidad de un color almagra, es decir, de color tierra roja. Sobre este color base, hoy desaparecido, se aprecian numerosos trazos a carbón ubicando la correcta posición de los dibujos. En la parte superior se han conservado dos elementos decorativos que describen una forma lobular simple de la que pende una campana, realizados en el muro por incisión y, posteriormente, pintados de blanco y marcados a punta de pincel. Los trazos de los contornos y de las figuras contenidas, aparecen decorados con pintura negra.
La sala ofrece al visitante otros restos parietales de indudable interés. Por ejemplo, en el lado izquierdo del arco de herradura encontraremos grabado el tablero de un alquerque o juego de damas de época islámica. Desconocemos su verdadero significado, puesto que la posición que ocupa no sirve para el juego. Posiblemente se realizara con alguna intención simbólica o fuera fruto de un mero entretenimiento por parte del constructor del arco.
Junto a la gran ventana que hay en el lado oeste de la sala, se puede encontrar los restos de una pintura mural, de finales del XVIII, que reproduce la bandera de la marina mercante española según el diseño encargado por el rey Carlos III. El hecho de que toda la sala estuviese decorada con esta bandera nos hace pensar en una vinculación de la misma con la Marina Mercante, reforzando la idea de la relación constante entre Cullera y el mar que la envuelve y la protege.
Junto a estas pinturas, se localizó una de las pesetas denominadas de “la mà al cul” , que expone en el Museo Municipal de Historia y Arqueología, y que inicio su acuñación entre la segunda guerra carlista y la tercera, precisamente cuando el castillo cobra su mayor protagonismo e importancia estratégica.
La Sala de Armas, además, posee acceso a las dos torres más antiguas del castillo: la Torre del Respatller y la Torre de Cap d´Altar, una prueba más de que ocupa un espacio mucho más antiguo, y relacionado con estas torres, que habría que situar cronológicamente en el siglo XI.
7) Torre del Respatller o Redonda
GPS de Torre del Respatller o Redonda: 39.1659, -0.24996
El visitante debe de saber que la Torre del Respatller, de planta semicircular, es de origen islámico. Junto con la Torre del Cap de l’Altar, tenían la función de defender, como colosos de mampostería y mortero de cal, la entrada principal a... leer más
El visitante debe de saber que la Torre del Respatller, de planta semicircular, es de origen islámico. Junto con la Torre del Cap de l’Altar, tenían la función de defender, como colosos de mampostería y mortero de cal, la entrada principal a la fortaleza de Cullera, situada en el muro oriental de la primera albacara o recinto amurallado. El acceso, denominado porta falça devés la mar, daba acceso a un corredor acodado generado entre la fortaleza y la barbacana—estructura defensiva que servía de soporte al muro de contorno— donde precisamente se ubica esta torre.
Asimismo, el visitante debe conocer que la planta y la técnica de construcción, a las que se añaden los resultados de las excavaciones arqueológicas, certifican su antigüedad y la sitúan en la época de desmembración del califato de Córdoba, con Hisham II a la cabeza, y la formación de pequeños reinos independientes—la llamada primera taifa—, a inicios del siglo XI. Su similitud con las torres semicirculares de la cerca del mismo período de la ciudad de Valencia, es sorprendente.
Atento, visitante. Durante el proceso de excavación arqueológica se detectaron diferentes momentos de uso con diversas remodelaciones en función de las vicisitudes históricas que pusieron en peligro la integridad de sus habitantes. Durante el más antiguo, correspondiente a los siglos XIV al XVI, se anuló el acceso original a la torre que se hacía desde lo que hoy es Capilla—anteriormente edificio islámico—, como el avieso visitante puede observar en su muro sur. En un segundo momento, entre los siglos XVI al XVIII, se acometen diversas reformas en todo el castillo destinadas a defender Cullera de los ataques piratas. Es en este período cuando el acceso a la torre comienza a realizarse desde la puerta existente en la Sala de Armas. Las guerras carlistas del siglo XIX provocaron las últimas reformas ya que la torre se acondicionó con garitas y puestos de vigilancia que se anularían con la finalización del conflicto armado y la construcción del Santuario a finales del siglo XIX.
Una de las primeras posibles referencias a esta torre podría ser la mención que aparece en los memoriales de obra del siglo XVI, en los que aparece con el nombre de Torre Redona, ubicándola en la pared de la iglesia que sale hacía la albacara. Actualmente se ha pretendido recuperar la imagen de torre islámica manteniendo el nivel de su terraza y el peto defensivo, así como su acceso original.
8) Torre del Cap D‘Altar
GPS de Torre del Cap D‘Altar: 39.1659, -0.24996
La Torre de Cap d’Altar—junto con la Torre del Respatller— tenía la importante función de defender la entrada principal a la fortaleza de Cullera que, justamente, se realizaba por la denominada “porta falça devés la mar”, situada en... leer más
La Torre de Cap d’Altar—junto con la Torre del Respatller— tenía la importante función de defender la entrada principal a la fortaleza de Cullera que, justamente, se realizaba por la denominada “porta falça devés la mar”, situada en el muro oriental de la primera albacara o recinto protegido, y que daba acceso a un corredor acodado generado entre la fortaleza y la barbacana.
Es una torre esquinera de planta semicircular, maciza hasta la altura del adarve y a la cual se accede desde la Sala de Armas. Por su planta, por la técnica de construcción— mampostería y mortero de cal—, por los resultados de las excavaciones arqueológicas, sabemos, estimado visitante, que la Torre de Cap d’Altar, de la misma manera que la del Respatller o Redona, ha de situarse en la época de desmembración del califato de Córdoba y la formación de pequeños reinos independientes—la llamada primera taifa—, a inicios del siglo XI. Y también, como ocurre con la Torre del Respatller, su similitud con las torres semicirculares del mismo período de la ciudad de Valencia, es sorprendente.
Actualmente, amigo visitante, se ha pretendido recuperar el aspecto de torre islámica manteniendo el nivel de su terraza, el peto defensivo y las aspilleras inferiores. Para ello, se ha tenido que derribar un tejadillo del siglo XVIII y tapiar una ventana frontal que desfiguraba su imagen original. Trabajos arduos en beneficio de una torre que ha sufrido al largo de la Historia adversidades de todo tipo. De manera que, ya durante el reinado de Pedro IV, el propio rey, después de una visita al castillo, ordenó: “Se ha de rehacer la torre de abajo, la que está junto a la iglesia”, referencia clara a esta Torre de Cap d’Altar que, ya en aquella época del siglo XIV, presentaba serios problemas de mantenimiento.
9) Sala del mar y vivienda del Casteller
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El viajero, el visitante, debe de hacer un ejercicio de imaginación para entender que tanto la llamada Sala de Mar como la conocida como vivienda del “casteller”, se construyeron durante el siglo XVIII sobre las estancias medievales del... leer más
El viajero, el visitante, debe de hacer un ejercicio de imaginación para entender que tanto la llamada Sala de Mar como la conocida como vivienda del “casteller”, se construyeron durante el siglo XVIII sobre las estancias medievales del castillo, concretamente sobre la Capilla y la Torre Blanca. Ello supuso una desfiguración total de la morfología de la fortaleza que perdió así su carácter militar y su propia esencia original. Además, el estado de ruina de estas estancias las hizo irrecuperables, por lo que se optó —durante el proceso de rehabilitación— por recuperar el aspecto de la fortaleza antes de su transformación “doméstica”. Dicho de otra manera: estas dos dependencias, realmente impostadas sobre el original, han sido derruidas. Aún así, interesa que el visitante sepa cómo fueron y qué utilidades tuvieron.
La llamada Sala del Mar fue, en realidad, parte de la vivienda del “casteller” o ermitaño, configurada como un habitáculo de grandes arcadas y abierta al patio, techada con la misma cubierta— a un agua— que la Torre Blanca, pero prolongada sobre esta sala. La cubierta común conllevó la anulación del sistema de recogida de agua de lluvia a los aljibes y, por lo tanto, la anulación total de su funcionamiento.
La estancia comunicaba directamente con el cuerpo superior de la Torre Blanca, a la cual se le practicó una segunda puerta tras ser compartimentada interiormente. En la parte superior se construyó una cocina para el ermitaño o casteller y, también, para los romeros que subían para visitar la ermita o Capella Vella del castillo. La habitación contigua se utilizó como dormitorio. Con la llegada del siglo XX la mitad de la torre se revistió interiormente de hormigón para alojar una cisterna.
El edificio denominado Sacristía, en realidad no lo era. Se trataba de una construcción rectangular compuesta de planta baja, a nivel del patio, y primer piso, a nivel del adarve, de la Sala del Mar y del acceso a la Torre Blanca con las que se comunicaba. La Sacristía funcionó como hospedería para los romeros, almacén y comedor.
Hay que añadir, no obstante, que los trabajos de excavación llevados a cabo en el subsuelo de la Sacristía y en el corredor de acceso al Patio de los Aljibes, aportaron un interesante material que permite reconstruir la vida de los habitantes del castillo. Así podemos saber que poseían un importante ajuar doméstico para llevar a cabo las diferentes tareas domésticas (almacenaje, cocinado, servicio de mesa) como los lebrillos, cazuelas vidriadas y ollas. Aparecieron también platos decorados de talleres de Manises, Cataluña, Ligúria o la Toscana. Se recuperó abundante material faunístico, consecuencia de la vida doméstica llevada cabo en este espacio, como caracoles, vértebras de pescado, conchas de moluscos y huesos de cabra y bóvido.
10) Torre Blanca
GPS de Torre Blanca: 39.1659, -0.24996
La Torre Blanca o Cuadrada es una torre de planta cuadrangular construida en tres de sus lados y adosada en el cuarto a la muralla islámica preexistente, sobre la cual se levantó. La cronología de la construcción se pierde en el tiempo y, de... leer más
La Torre Blanca o Cuadrada es una torre de planta cuadrangular construida en tres de sus lados y adosada en el cuarto a la muralla islámica preexistente, sobre la cual se levantó. La cronología de la construcción se pierde en el tiempo y, de hecho, no está fijada con exactitud; sin embargo, el material utilizado— tapial de hormigón y mampostería—, y la morfología—torre hueca—, nos remiten, posiblemente, a la etapa final de la dominación almohade. En cualquier caso, la construcción es posterior al siglo XI y anterior al XVI, puesto que en los memoriales de obra correspondientes a este último siglo se relatan obras de remodelación y defensa en el castillo—recuérdese que es la época de los periódicos ataques piratas— y, refiriéndose a la Torre Blanca se cita que en ella se almacenaba la pólvora. Además, con acertada previsión, se añade que es conveniente trasladarla para realizar una mejor defensa de la puerta principal del castillo.
Hagamos una pequeña pausa y tratemos de ceñirnos un poco más a la cronología: ha quedado claramente constatado que será durante el período final del dominio almohade—finales del XII y principios del XIII— cuando se asiste a una gran actividad constructiva en el castillo de Cullera, con la realización de la actual Torre Mayor —sobre otra torre anterior—, la construcción del gran albacara o recinto inferior y de las murallas de la población o arrabal islámico. Por este motivo, amigo visitante, se considera que es en esta época cuando se construyó la Torre Blanca. Así mismo, la peculiar disposición de las almenas de las esquinas y los orificios exteriores para alojar manteletes (puertas basculantes de madera que protegían a los defensores de los disparos de los atacantes), son muy similares a la Torre de la Reina Mora o de Santa Ana, cuya cronología quedó establecida —gracias a una intervención arqueológica y una restauración reciente— en los momentos finales de la dominación musulmana.
Admiremos la Torre Blanca que se levanta hasta los 16 metros de altura ya vayamos a su interior, dividido en dos plantas: la inferior a la que se accede desde la Capilla y la superior a la que se accede desde la terraza de la Sala del Mar. Posee una terraza almenada desde la que se divisa, en todo su esplendor, la bahía de Cullera. La terraza está diseñada para captar el agua de lluvia y conducirla a los aljibes.
Es muy posible que alguna estancia del nivel inferior de la Torre Blanca se utilizara en algún momento de Sacristía, dando cobertura a las necesidades de la Capilla. En la segunda mitad del siglo XVIII, en las estancias de la parte superior se construyó una cocina para el ermitaño y los romeros que subían a la antigua ermita del castillo, tapiando las almenas y creando un tejadillo a un agua, que desfiguró el carácter militar de la atalaya.
Además, justo delante de la torre se edificaron las llamadas Sala del Mar y Sacristía. La primera era, en realidad, parte de la vivienda del “casteller” configurada como habitáculo de grandes arcadas y abierta al patio. La Sacristía, además de funcionar como hospedería para los romeros, hizo de almacén y comedor. En el siglo XX la mitad de la torre se revistió interiormente de hormigón para alojar una cisterna.
Durante los trabajos de restauración de la torre se pudieron descubrir algunos de los vanos originales y saeteras, devolviéndole así su aspecto inicial. También se pudo conocer que no estaba techada, sino que poseía una terraza almenada con un acceso desde la Sala del Mar, mediante una escaleta de madera, y que el suelo de la terraza tenía una ligera inclinación hacía el patio para conducir toda el agua de lluvia a los aljibes— el almacenamiento del agua fue durante mucho tiempo una necesidad primordial—, mediante un sistema de canalizaciones cerámicas empotradas en el muro.
11) Muro oriental
GPS de Muro oriental: 39.1659, -0.24996
Hay que aclarar, amigo visitante, que el lienzo oriental es el tramo de muralla que delimita la fortaleza por el este y que discurre desde la Torre Blanca o Cuadrada hasta el Baluarte.
Aclarado este punto, hay que decir que el lienzo presenta... leer más
Hay que aclarar, amigo visitante, que el lienzo oriental es el tramo de muralla que delimita la fortaleza por el este y que discurre desde la Torre Blanca o Cuadrada hasta el Baluarte.
Aclarado este punto, hay que decir que el lienzo presenta numerosas reparaciones realizadas a lo largo de varios siglos, fruto de las vicisitudes históricas, que han dejado huella en su fisonomía, dado que es la parte del castillo que con mayor intensidad debió sufrir ataques enemigos, sobre todo, durante la época de las incursiones piratas. De hecho, muchas de las obras de reparación hay que relacionarlas con la construcción del Baluarte y de su terraza, lugares en donde se ubicaron piezas de artillería de carácter defensivo.
Los trabajos de investigación han puesto de relieve que una parte del lienzo-desde la Torre Blanca al repié exterior- fue construido de nuevo con mampostería y mortero. Sin embargo el resto del lienzo hasta el Baluarte aparece desdoblado. Esto significa que, sobre una base de tapial de tierra de época islámica, aparece un paramento de mampostería y mortero de cal que cubre la base.
El adarve o camino de ronda se sitúa en el ancho de la parte superior del tramo de este lienzo oriental. Este camino de ronda da acceso al Baluarte y desde allí a la Torre Mayor. El recorrido del adarve presenta una serie de almenas de diferentes épocas:
Las situadas en el extremo sur, construidas en tapial de hormigón, parece que corresponden al almenado más antigua, al almohade, si bien, probablemente con añadidos posteriores. Estas almenas conservan orificios en los extremos para la colocación de manteletes o batientes que cubren las almenas, similares a los que aparecen, por ejemplo, en la Torre Blanca.
Las situadas en el extremo norte presentan una fábrica diferente, con mampostería y ladrillo, con aspilleras que recuerdan a las ubicadas en el muro aspillerado occidental, del siglo XVIII.
El visitante debe de saber que, del mismo modo que en otras partes del castillo, también el lienzo se encontraba enmascarado por construcciones mucho más recientes que impedían su imponente visión. De hecho y a modo de ejemplo, la intervención arqueológica puso de manifiesto la existencia de una escalera adosada que, desde la zona norte del Patio de Armas, desembocaba en el adarve del lienzo oriental.
12) Baluarte
GPS de Baluarte: 39.1659, -0.24996
El visitante encontrará en el Baluarte una edificación propia del siglo XVI. Pero será solamente en apariencia puesto que la construcción es, realmente, una adaptación a las nuevas necesidades defensivas por el uso de armas de fuego y la... leer más
El visitante encontrará en el Baluarte una edificación propia del siglo XVI. Pero será solamente en apariencia puesto que la construcción es, realmente, una adaptación a las nuevas necesidades defensivas por el uso de armas de fuego y la pólvora a partir de una torre preexistente. Así lo han demostrado las excavaciones.
Pero, además, los distintos memoriales de obra del s. XVI hablan de la existencia de una torre (torrió, torrigó, turrijó, turrija, denominaciones según la documentación de la época) que es reparada y adaptada para reconvertirla en el Baluarte. Estos datos son esclarecedores a la hora de situar topográficamente el mencionado Turrijó— que es zona de paso ineludible para acceder a la Torre de Sueca o Mayor—, y su reconversión en Baluarte para una doble función: la protección ante un ataque piro-balístico y la posibilidad de emplazamiento de piezas de artillería adecuadas para repeler cualquier ataque enemigo. De hecho, en un memorial de 1583 se solicitan piezas de artillería, exactamente un sacre, capaz de tirar balas de 4 a 6 libras—de dos a cuatro kilos—, y una media culebrina, capaz de lanzar proyectiles de 9 a 12 libras—entre 5 y 6 quilos—, aproximadamente.
Las modificaciones del siglo XIX, consecuencia directa de los momentos convulsos de las guerras carlistas, conllevan una recrecida de la plataforma superior del Baluarte y ello obliga a la construcción de una escalera que elimine la diferencia de cota entre el adarve o camino de ronda y la nueva plataforma, al tiempo que se rehace parcialmente la puerta de acceso a la Torre Mayor. De estos momentos también serían los muros con aspilleras que actualmente exhibe el Baluarte.
De la torre anterior, el Turrijó de las fuentes, situada debajo del Baluarte, tenemos documentación arqueológica que demuestra la cronología islámica. Ciñéndonos un poco más, podemos asegurar que se trataba de una torre anterior a la época almohade, construida al mismo tiempo que la Torre Cap Altar y la Torre Respatller, que podemos datar entorno al siglo XI. Esta torre de planta semicircular, puede ser observada por el visitante desde el exterior de la fortaleza emergiendo desde el propio interior del Baluarte.
13) Torre Mayor
GPS de Torre Mayor: 39.1659, -0.24996
La Torre Mayor es una torre de planta cuadrada, de 15 metros en la base por 16 metros de altura. Esta envergadura, imponente, le permite dominar todo el paisaje y controlar el río Júcar, por el oeste, y la bahía, por el este.
La cronología de... leer más
La Torre Mayor es una torre de planta cuadrada, de 15 metros en la base por 16 metros de altura. Esta envergadura, imponente, le permite dominar todo el paisaje y controlar el río Júcar, por el oeste, y la bahía, por el este.
La cronología de la Torre Mayor es muy amplía ya que posee reformas de todas las épocas. La actual construcción se erige sobre una primitiva torre, construida posiblemente entre los siglos IX y X, de mampostería trabada con mortero de cal y un entramado de madera en forma de parrilla —que el visitante puede observar en su interior— y que supone una característica diferenciadora con respecto a otros sistemas constructivos que se daban en todo el este peninsular islámico. Quizá, el hecho de que por el río Júcar se transportara madera desde los montes de Cuenca hasta la desembocadura en Cullera con el fin de abastecer las atarazanas de Dénia tuviese mucho que ver con el uso de madera en los sistemas constructivos de las torres del Castillo de Cullera. Esta torre primigenia se mantiene hasta finales del siglo XII o principios del siglo XIII, momento en la que se construye la actual torre de tapia —ya en época almohade— que forrará la anterior de mampostería. Efectivamente, la Torre Mayor tal y como la podemos contemplar desde su exterior es una obra almohade realizada en tapial mixto de mampostería y hormigón de cal.
Es posible que el visitante haya oído que la Torre Mayor ha tenido, al largo del tiempo, otros nombres. No anda equivocado. De hecho, la La Torre Mayor aparece documentada con diferentes nombres a lo largo de la historia. La mención más antigua la encontramos en un documento de la época de Pedro el Grande de Aragón (siglo XIII) en el que se la denomina Torre Celoquia, es decir, la más importante. En los memoriales de obra del siglo XVI, que relatan las obras de fortificación y defensa acometidas en el castillo, aparece indistintamente con los nombre de Torre de Sueca o Torre Roja. El nombre de “Torre de Sueca” se justifica por estar orientada hacia aquella población, mientras que el nombre “Torre Roja” se debe al color que el mortero rico en arcilla otorga a sus lienzos. Aclarado este punto, continuemos con los datos, interesantes en grado sumo.
Por las excavaciones arqueológicas llevadas acabo en su interior, sabemos que la torre era maciza hasta el nivel de acceso —situado en el mismo lugar que en la actualidad—, que contaba con una estancia abovedada y una terraza coronada con almenas. Delante de la puerta de entrada a la torre, existía otra torre —citada en la documentación del siglo XVI con los nombres de torrió, turrijó, torrigó o turrija— que era necesario atravesar y que defendía su acceso.
Y ahora, estimado visitante, un rápido repaso a la Historia para tratar de esclarecer algunos detalles más. Con la conquista cristiana a manos de Jaime I, la mitad del castillo pasó a manos del la Orden de San Juan del Hospital, y los hospitalarios fueron los poseedores de la Torre Mayor. En el año 1319, la torre pasa a manos de la recién creada Orden de Montesa. El castillo fue recuperado, de nuevo, para la Corona de Aragón por Pedro IV en el año 1358 y fue, precisamente, durante la guerra entre Castilla y Aragón (1356-1369) —también conocida como la “Guerra de los dos Pedros”— cuando el castillo no sólo sufrió el asedio y conquista de los castellanos, sino que cuando volvió a pertenecer a la Corona de Aragón, el rey Pedro IV ordenó derribar algunas torres y lienzos de muralla que se encontraban en mal estado, a consecuencia de la contienda bélica, para construir nuevas defensas.
Ya se ha dicho que a lo largo del siglo XVI se efectúan algunas reformas en la torre —también en el resto de la fortaleza— para adaptarla a las nuevas exigencias defensivas derivadas, fundamentalmente, del peligro de ataques piratas. En el exterior, se derriba las paredes de la terraza y se pavimenta esta con una mezcla de fragmentos cerámicos muy triturados y cal. Se levanta la terraza unos 44 centímetros en obra de mampostería y se acondiciona para que toda el agua de lluvia se conduzca a los aljibes. El muro de la torre se alza y se construyen quince torretas, dotándolas de artillería ligera. En el interior, se acondiciona la estancia mediante el enlucido de sus paredes. La torre que le antecedía — torrió, turrijó, torrigó o turrija de la que se ha hablado antes— se enmascara y se oculta con la construcción del Baluarte y su plataforma, desde donde se accedería, a partir de ahora, a la Torre Mayor. También es en esta época cuando se generalizan los topónimos “Torre de Sueca” o “Torre Roja” para denominarla en los memoriales de obras.
En el siglo XVIII se remodela el acceso que queda un poco más elevado al elevar el nivel interior. Paralelamente se construye una escalera de acceso a la terraza que, con toda probabilidad, sustituyó a la del siglo XVI y a la de época islámica.
Pero, las reformas más importantes fueron las llevadas a cabo en el siglo XIX. Fue, concretamente, durante la 3ª Guerra Carlista cuando se arrasa la coronación de la torre y se construye el muro aspillerado de su terraza para la fusilería. Se derriba la estancia abovedada que existía desde época islámica, se terraplena todo el espacio, de manera que la torre se convierte en una plataforma para fusilería sin estancias interiores, y se eleva, consiguientemente, la puerta de acceso. Además, se construye una escalera desde la plataforma del Baluarte para poder salvar la diferencia de nivel.
No acabaron las modificaciones porque, finalmente, tras las guerras carlistas se llevaron a cabo las últimas reformas: se tapiaron parte de las aspillera, se destruyó el muro del oeste para construir una espadaña y se cubrió el espacio con una cubierta inclinada a dos aguas invertida, de cuyo forjado aún se pueden observar las rozas.
La Torre Mayor, después de tanto trasiego, de profundos estudios y acertada recuperación es, hoy en día, objeto de visita obligada. Sobrecoge, amigo visitante, la visión de su interior, totalmente vacío, con sus dieciséis metros de altura y los restos de estructuras arqueológicas en su fondo, correspondientes a fases de ocupación tan antigua que se remonta a la época ibérica. Preparemos las cámaras fotográficas porque la visita a la terraza nos deparará vistas espléndidas de los cuatro puntos cardinales.
14) Las Cisternas
GPS de Las Cisternas: 39.1659, -0.24996
El Castillo de Cullera, construido en una zona de clima Mediterráneo, con períodos de lluvia cortos y de régimen irregular, necesitó, desde sus orígenes, la construcción de cisternas para la recogida de agua de lluvia que supliera los... leer más
El Castillo de Cullera, construido en una zona de clima Mediterráneo, con períodos de lluvia cortos y de régimen irregular, necesitó, desde sus orígenes, la construcción de cisternas para la recogida de agua de lluvia que supliera los períodos de escasez o necesidad.
En el caso de Castillo de Cullera podemos admirar, después de su recuperación, los dos aljibes o cisternas existentes. Su funcionamiento, aunque simple, tuvo una vital importancia ya que aseguraba la subsistencia de la guarnición en caso de asedio o ataque por sorpresa.
Tratemos de comprender su funcionamiento que, por otro lado seguía el sentido común y las leyes básicas de la física, porque el agua de la lluvia que caía sobre las terrazas de la Sala de Armas y de la Torre Blanca era canalizada mediante tuberías de cerámica empotradas en las paredes de estos edificios, para ir a parar, por gravitación, hasta los aljibes. Nada más simple, estimado visitante, y al tiempo, más efectivo.
Sin embargo, los aljibes o cisternas, construidos en época islámica, poseían unas características técnicas que aún hoy, a pesar de su sencillez, asombran por su efectividad. Para empezar, la impermeabilización de las paredes y del suelo fue posible mediante un enlucido muy fino y compacto de cal mezclada con óxido de hierro que le proporcionó un tono rojo arcilloso característico (el llamado color almagra). Además, para impedir la acumulación de suciedad en sus juntas, se añadió una media caña que recorría todo el perímetro y una poceta central o sumidero que recogía los posos del agua y facilitaba la limpieza y el mantenimiento.
La cubierta, una bóveda ligeramente apuntada realizada con un entramado de cañas sobre las que se vertió el mortero, presenta unos orificios laterales que servían de entrada al agua procedente de las terrazas, y un gran orificio central, desde donde arrancaba el brocal del pozo, que permitía la extracción del agua mediante una polea con un cubo.
Los dos aljibes se situaban en el patio del mismo nombre, en una posición perpendicular el uno del otro. Ambos tenían acceso por uno de sus lados más cortos para poder descender a su interior y así proceder a su limpieza y mantenimiento. Sabemos por la documentación que, en origen, se encontraban elevados sobre el pavimento del patio pero en el siglo XVIII se rellenó este para ganar altura y construir el edificio denominado Sacristía. De esta forma los aljibes quedaron ocultos y el pavimento del nuevo patio acabó por cubrirlos totalmente.
Los memoriales de obra del siglo XVI hacen referencia a los mismos y a su estado de conservación. Estas referencias indican su mal estado, sobre todo, del más cercano a la Torre Mayor. Por estos memoriales sabemos que se encontraba tan deteriorado que no podía albergar ni siquiera tres o cuatro palmos de agua, por lo cual decidieron tapiarlo y anularlo. Las excavaciones arqueológicas llevadas acabo en el año 2009 descubrieron este segundo aljibe, efectivamente tapiado, pero intacto. Tanto es así que se localizaron en las paredes de su interior “graffitis” a carboncillo con numerales, dibujos y firmas que se han conservado. Fruto de este cegado y anulado como cisterna, fue el desmonte o eliminación del brocal del pozo que permitía extraer el agua desde el patio. Esta es la razón por la cual, actualmente, sólo se puede admirar uno de los brocales conservados.